¿Donde están los límites del consumo colaborativo?

Hace unos días nos enterábamos de que la popular plataforma de compartir coche Blablacar puede tener problemas con la justicia. Del mismo modo en que a finales de año los taxistas de Madrid demandaban a Uber por competencia desleal, ahora es la confederación española de transportes en autobús (CONFEBUS) quien quiere hacer lo mismo con Blablacar. En el caso de Uber, la plataforma está cerrada como medida cautelar a la espera de que se celebre el juicio (ya llevan 6 meses esperando).

¿Blablacar compite o completa el transporte público?

Blablacar se anuncia como una plataforma de ayuda para encontrar gente con quien compartir gastos. Se ha vuelto tan popular que las compañías de transporte tradicionales lo están notando, ya que viajar en coche compartido es mucho más barato. La crítica común es que los conductores no son empleados ni trabajadores autónomos y por tanto no contribuyen al pago de impuestos, salarios, formaciones, seguros y permisos que tanto encarecen el transporte público.

 

No obstante, Blablacar sí que es una empresa con sede en Francia y paga sus impuestos de las comisiones por reservas en su portal, sin hacer nada más que mantener su sitio web. Puede que ahí esté el error que hace cuestionar la legalidad del sitio. Hay otros portales (como Amovens) que no tienen el problema de Blablacar porque no hacen beneficio económico directo, simplemente ponen a la gente en contacto como hacía Blablacar en sus inicios (y eso no se puede prohibir, para eso tendrían que cerrar facebook también con sus numerosos grupos para compartir coche o compartir mesa en el ave). Los responsables de Blablacar, por su parte, alucinan con las quejas presentadas por los autobuses españoles y dicen que no hay que ver este sistema como competencia desleal, ni siquiera como competencia, sino como una manera suplementaria de viajar. Y es que los trayectos en coche, aparte de cubrir los trayectos más populares, comunican puntos entre los que no hay transporte público, haciendo posible que la gente se desplace cuando no se ofrecen alternativas.

La realidad oculta tras la economía colaborativa

Y es que el consumo colaborativo es una moda en auge, una moda cool, llena de buen rollo, con lemas ecológicos y socializadores. Viene a decir algo así como: Comparte y todos ganamos, contaminamos menos, ahorramos y encima hacemos amigos. Pero la realidad es mucho más cutre: Lo que pasa es que no tenemos dinero para pagar un transporte normal y no nos queda otra que buscar alternativas. Pagamos la diferencia con el (pequeño pero posible) riesgo a encontrarnos con un plantón, con un conductor temerario o sin seguro en regla. La gente se adapta a la crisis y los modelos de consumo cambian.

Consecuencias del consumo colaborativo

Pero por otro lado, a veces más que compartir gastos los viajeros pueden estar pagando completamente el viaje del conductor o incluso sobrepasar el precio, haciendo que el conductor gane dinero. Obviamente ni se va a hacer rico con eso ni va a hacer un sueldo, pero, sin hacer un trabajo real, es como si devaluara el valor de un trabajo. Aunque no trabaje, porque le pilla de paso, ofrece el mismo servicio que gente que sí trabaja pero a un precio mucho menor. Y como coches circulando hay muchos, si todo el mundo usa este sistema, ciertas líneas de transporte público pueden estar en peligro. Así que, aunque los conductores no hagan una actividad económica al uso, lo que no se puede negar es que la consecuencia real de todo esto es que se devalúe el precio del transporte público.

Así que la pregunta que podemos hacernos es… ¿es lícita esta tendencia?  Compartir coche, alquilar tu casa por días.. Si seguimos así, mañana puedo decir que cocinar para uno cuesta caro y que voy a cocinar para 6, anunciarlo en blablacook y que vengan 5 a comer a mi casa por 5 euros cada uno. ¿No le parecerá mal al restaurante de debajo de mi casa? ¿o es que estoy siendo muy ecológica y ahorrando electricidad en la cocina, tanto que como gratis todos los días y ofrezco unos precios por los cuales la gente ya ni pisa el restaurante? Porque anunciar algo que mucha gente va a ver en internet no es lo mismo que invitar a unos amigos a casa a comer.. El alcance es masivo y pueden quemarte el timbre. Alguien que alquile un piso puede decir que “comparte gastos de hipoteca” y alojar a alguien sin pagar a hacienda por un precio imbatible.

Entonces.. ¿qué va a pasar?

Antes de que alguien me apedree voy a dejar claro que yo personalmente no sé lo que pensar de todo esto. He utilizado blablacar y Airbnb muchas veces, pero comprendo las dos posturas opuestas y me pregunto dónde están los límites legales de la economía colaborativa. Pienso que quizá esta pequeña revolución sirva para poner de manifiesto las tasas excesivas en ciertos sectores y nos preguntemos cuál es el problema en realidad.

Quizá se avecine un cambio en el modelo de negocio que regula muchos servicios que se pueden hacer en comunidad. Puede que sea una manera de regresar a la forma tradicional de hacer las cosas. En la época de mis padres la gente conocía a todo el mundo en su región y compartía coche continuamente. Después de esa época la sociedad se volvió mucho más anónima, desconfiada e individualista. Es posible que con plataformas como Blablacar estemos volviendo al modo de hacernos favores entre conocidos pero utilizando una herramienta nueva, producto del alcance global que ofrece el desarrollo de los medios de comuncación. Y tú… ¿Qué opinas?

2 Comentarios
  1. Respuesta
    Vicente 3 Marzo, 2016 at 12:32

    Muy buen articulo. Es verdad que a fuerza de ahorar, la gente va a perder el trabajo, como los que trabajan en los hoteles, los conductores de buses et de trenes, lo que reparan esos buses… y cuando todo el mundo este sin trabajo, con que dinero van a reservar el blablacar ??
    Pero tambien por ejemplo, yo no tengo dinero para reservar un hotel o un ave… Utilizo estas formas nuevas de viajar…
    es un dilema.

  2. Respuesta
    Anton 18 Julio, 2016 at 10:14

    Ya está bien de abusar,que se busquen la vida los autobuseros y taxistas, como hacemos el resto de los mortales cuando nos ponen una máquina en vez de una persona o personas y nos quitan el trabajo o acabamos en página como esta para poder ahorrar y vivir porque nos pagan un mísero jornal o incluso no tenemos trabajo,esto es la revolución contra el puto capitalismo de los gobiernos y abusadores

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